En el año 1928, la United Fruit Company
llevaba 30 años operando en Colombia y explotaba a los trabajadores
aprovechando la falta de legislación laboral en el país.
El gobierno tomó otras medidas. En
1924, los cultivadores solicitaron que una sucursal del nuevo Banco Agrícola
Hipotecario fuera abierta en Santa Marta para suministrar una fuente alterna de
crédito. Y en 1925 la Corte Suprema de Justicia ordenó a la United Fruit
Company devolver el ferrocarril al gobierno colombiano. La United Fruit Company
opuso resistencia a estas medidas, que no entraron en vigor sino después de
1930. El que la primera tentativa gubernamental en la zona no tuviera efecto
contribuyó a la visión de que la United Fruit Company actuaba como un «estado
dentro del Estado».
En los años anteriores a la huelga, la
hostilidad entre la United Fruit Company, por un lado, y el gobierno colombiano
y los cultivadores colombianos, por el otro, llegó a su cima. Un desastre
natural precipitó la crisis: en 1927, un huracán destruyó 13 millones de matas
de banano cerca de Sevilla (Magdalena), causando seis millones de pesos en
pérdidas a las plantaciones de banano colombianas. Los cultivadores solicitaron
préstamos de emergencia para rehacer sus propiedades y la United Fruit Company
los negó, lo que enfureció a los cultivadores y, por primera vez, los unió. Acudieron
al gobierno para que nacionalizara inmediatamente los ferrocarriles y canales
de riego de la compañía. Mientras tanto, Juan B. Calderón y Julio Charris
fundaron una Cooperativa de Productores Colombianos de Banano en Ciénaga, y a
comienzos de 1928 establecieron acuerdos de mercadeo con el mayor competidor de
la United Fruit Company: la Cuyamel & Atlantic Fruit Company.
Mientras aumentaba la hostilidad de
los cultivadores hacia la compañía, se resquebrajaba la autoridad política
establecida y se encendían las lealtades partidistas liberales y conservadoras.
Al final de los años veinte llegó al poder un nuevo gobernador conservador,
Juan B. Cordomane. Asumió una posición a favor del nacionalismo económico y de
la intervención del Estado en la economía bananera. La crítica abierta a la
United Fruit Company por parte de Cordomane dividió a los conservadores. A la
larga, Cordomane fue destituido para ser reemplazado por un personaje ajeno a
la región, José M. Núñez Roca, quien a nadie gustaba y contra quien se tornaron
todos los conservadores de la sección. Se ha sugerido que algunos importantes
cultivadores apoyaron la idea de una huelga con la esperanza de tumbar al nuevo
gobernador, y mientras los conservadores se dividían, los liberales de Ciénaga y
Aracataca se unieron, en parte como respuesta al fracaso en 1928 de la nueva
Cooperativa de Productores Colombianos de Banano, destruida por otro embargo
más de la United Fruit Company. Los liberales culpaban a la United Fruit
Company y al gobierno conservador por sus dificultades. En 1929, los liberales
en Ciénaga hablaron de separase de Magdalena y establecer un departamento
aparte. Al mismo tiempo fomentaron la huelga contra la compañía, viéndola como
una revuelta liberal que podría tumbar a los conservadores. Así, el período
inmediatamente anterior a la huelga fue de agitación política en la zona. La
hostilidad hacia la United Fruit Company por parte de algunos cultivadores se
contagió a sus trabajadores. Un observador decía:
La
comisión tuvo dificultades para su trabajo: se enfrentaba tanto con la United
Fruit Company como con los cultivadores locales, que insistían
en sembrar banano dentro de las reservas nacionales y se negaban a obedecer las
órdenes de la comisión. En mayo de 1928 ocurrió una violenta confrontación
entre agentes de laUnited Fruit Company y
la Comisión de Baldíos. Ésta ordenó a la compañía dejar de cambiar el cauce del
río Tucurinca para sus riegos y, cuando la comisión trató de deshacer los
diques, la policía municipal encarceló a los representantes del gobierno
nacional, en obediencia a las órdenes dadas por la United
Fruit Company.
Las
luchas de los cultivadores por librarse del monopolio de la United
Fruit Company fracasaron. Las razones eran de dos clases: la
oposición decidida de la compañía a cualquier intromisión en sus dominios, y
las divisiones entre los cultivadores mismos. La United
Fruit Company utilizó una variedad de tácticas para mantener
por fuera a sus rivales. Ejerció presión sobre los cultivadores que trataban de
vender banano en otra parte, cerrándoles el agua de riego y los préstamos. Al
mismo tiempo asumió acciones legales contra compañías rivales por la violación
de contratos legales de adquisición. Mientras se decidían los casos, la United
Fruit Company embargaba la fruta en disputa; esto generalmente
quebraba a la compañía rival, pues el banano se pudre casi inmediatamente.
El gobierno de los Estados Unidos de
América había amenazado con invadir Colombia a través de su Cuerpo de Marines,
si el gobierno colombiano no actuaba para proteger los intereses de la United
Fruit.
Más de 25 000 trabajadores de las
plantaciones se negaron a cortar los bananos producidos por la United Fruit
Company y por productores nacionales bajo contrato con la compañía.
Peticiones
principales eran la abolición del sistema de contratistas, el aumento general
de los salarios, el descanso dominical remunerado, la indemnización por
accidente y la construcción de viviendas decorosas para los obreros de la zona
bananera
Hecho ocurrido
en la noche entre el 5 y 6 de diciembre de 1928 en Ciénaga, Magdalena. Después
de casi un mes de huelga de los diez mil trabajadores de la United Fruit
Company, corrió el rumor de que el gobernador del Magdalena se entrevistaría
con ellos en la estación del tren de Ciénaga. Era un alivio para los
huelguistas, pues no habían recibido del gobierno conservador sino amenazas y
ninguna respuesta positiva de la multinacional. Ésta, que había llegado a
Colombia en 1899, utilizaba el sistema de subcontratistas, por lo que se lavaba
las manos ante las peticiones obreras, como había ocurrido en ocasiones
anteriores. El
Presidente Abadía Méndez y su ministro de guerra nombraron como comandante
general a Carlos Cortes Vargas con exceso de atribuciones. El fijó el 5 de
diciembre como la fecha para negociar el pliego de peticiones que contenía 9
puntos. Los nueve puntos del
pliego petitorio reflejaban, más que un programa revolucionario, la escasa
legislación laboral vigente.
CARTEL DE EXPLICACION DE LA HUELGA
«Los obreros de la
zona bananera están dentro de la ley. No hay una sola disposición que venga a
impedir el hecho de la huelga […] La United Fruit Company no cumple una sola de
las leyes de Colombia referentes a los tratos y contratos con los trabajadores,
declarándose en abierta rebeldía, como lo han pretendido hacer muchas otras
compañías extranjeras, como la que pretendía apoderarse de las ricas regiones
del Catatumbo, en Santander, para […] formar una república petrolera […] Esta
huelga es el fruto del dolor de miles de trabajadores explotados y humillados
día y noche por la compañía y sus agentes. Ésta es la prueba que hacen los
trabajadores en Colombia para saber si el gobierno nacional está con los hijos
del país, en su clase proletaria, o contra ella y en beneficio exclusivo del
capitalismo norteamericano y sus sistemas imperialistas. Vamos todos a la
huelga. El lema de esta cruzada debe ser Por el obrero y por Colombia». La tropa disparó sobre hombres y mujeres desarmados y que
marchaban en paz, aunque vociferantes y con encendidas consignas
revolucionarias. Con todo, fueron ignorados, salvo en el momento
simbólico de escoger el número de muertos reconocidos oficialmente: nueve.
Se estimaron en 5000 los
trabajadores que estaban en la plaza cuando fueron rodeados por los 300 hombres
armados. Contaban los sobrevivientes que después de un toque de corneta el
propio Cortes Vargas dio la orden de fuego por 3 veces, sin embargo, nunca se
supo cuántos muertos hubo: las narraciones populares orales y escritas
difieren: de 800 a 3 mil, y agregan que los botaron al mar. Las oficiales
admitieron de 15 a 20.
Aquel fue el “bautizo de
fuego” de la clase trabajadora colombiana. Vinieron los Consejos de Guerra,
posteriores asesinatos selectivos de otros líderes y cárceles para los
dirigentes nacionales y locales.
En defensa de los condenados
salió el joven Abogado Jorge Eliécer Gaitán, quien dejó para la historia
colombiana una página inolvidable que terminó con éxito pues absolvieron a
todas las personas acusadas.
La década de los 20 ha
sido llamada con razón, la época de oro revolucionaria de Colombia.
En la
primera huelga desde hacía cuatro años hubo brotes de violencia de todos los
lados (obreros, agentes de la United y fuerzas armadas), pero no pasaban de
escaramuzas aisladas. Por eso los huelguistas acudieron en masa a la estación
de Ciénaga al encuentro con el primer funcionario gubernamental que se dignaba
hablar con ellos. Como no llegaba, los ánimos se fueron exacerbando, tanto
entre manifestantes como entre soldados emplazados en el sitio. Es en este
punto del recuento cuando la ficción reemplaza los vacíos de la memoria: que
los soldados estaban bebidos, que los trabajadores también; que algunos
gritaron consignas patriotas; que no, que vociferaron agresivamente abajos a la
multinacional y al gobierno; que desconocieron la orden de desalojo; que nunca
la hubo; que la primera bala no la dispararon los militares; que murieron
muchos, no sólo nueve; que fueron cientos, cuando no miles; que los llevaban en
trenes al mar; en fin, que fue una masacre preparada; no, que fue resultado de
las circunstancias…
Ante la
respuesta brutal de un gobierno que los trabajadores imaginaban protector de
los derechos laborales, se produce la desbandada y una rápida negociación que
incluso recorta por mitad los salarios. La indignación obrera se estrelló
contra una doble muralla que le impidió sacar frutos de la aciaga experiencia
Los diarios conservadores se referían a ella como a
una peligrosa conspiración comunista, y los liberales daban cuenta de las
justas peticiones formuladas por los trabajadores de la zona bananera; pero sin
mayor despliegue en unos y otros.